¿Siente usted que pierde orina por la vagina?

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Por Dr. Rafael Clavijo La fístula vesicovaginal constituye un problema que afecta de manera considerable la calidad de vida de la paciente que la padece, ya que altera las esferas biológica, psicológica y social; aunque son relativamente infrecuentes, causan un grave sufrimiento para muchas mujeres que la padecen, obligándolas a vivir recluidas y deprimidas. fístula vesico-vaginal La fístula vesico-vaginal se define como una comunicación anormal entre la vagina y la vejiga, y representa el tipo de fístulas urogenitales más frecuente. Usualmente se produce como consecuencia de complicaciones de cirugía ginecológica, siendo la histerectomía (extracción del útero) la más frecuente.  La causa exacta de la formación no se conoce por completo, pero se atribuye a lesiones inadvertidas en la vejiga a través de las cuales hay fuga de orina que se acumula y después sale hacia la vagina formando la fístula. La primera manifestación clínica consiste en la salida de orina a través de la vagina, lo cual ocurre entre la primera y la tercera semana después de la cirugía ginecológica. Además, pueden presentarse fiebre, dolor vaginal o sangrado al momento de orinar en los días subsecuentes. Este padecimiento representa un acontecimiento catastrófico para la mujer, ya que altera de forma directa su vida personal y profesional. La pérdida constante de orina y la sensación permanente de humedad, además del mal olor y el riesgo de infecciones, ocasionan ansiedad y baja autoestima, además de limitar las actividades sociales y laborales. Hay algunas pruebas sencillas que permiten confirmar la fuga de orina hacia la vagina, las cuales consisten en la aplicación de algún colorante a la vejiga para después colocar una gasa estéril en la vagina, la cual, en caso de existir fuga urinaria, se pintará del colorante que se aplicó en la vejiga. Para confirmar el diagnóstico, se efectúan diferentes estudios de imagen que permiten precisar el origen y el trayecto fistuloso, entre los que se encuentran la cistografía miccional, la tomografía axial computarizada y, entre los más efectivos,la combinación de cistoscopia (visión directa de la vejiga) más vaginoscopia (visión directa de la vagina), la cual permite determinar con exactitud la localización de la fístula. Una vez que se realiza el diagnóstico, se decidirá el tratamiento de acuerdo con las características de la paciente y con la localización y tamaño de la fístula. Para fístulas pequeñas, puede ser útil la colocación de una sonda urinaria durante algunas semanas, la cual puede ayudar a cerrar trayectos fistulosos pequeños. Igualmente, se pueden intentar procedimientos endoscópicos, como la cauterización de la fístula, aunque con esta técnica se ha reportado alto riesgo de recurrencia y bajos porcentajes de éxito (15%). Usualmente, los ginecólogos realizan cirugías vaginales que resultan exitosas en la mayoría de las pacientes.  Sin embargo, cuando la fístula es muy grande o existen múltiples trayectos fistulosos, o cuando la fístula se localiza muy cerca de los meatos uretrales y se requieren procedimientos adicionales -como el reimplante ureteral, se recomienda la cirugía abdominal o incluso combinada -abdominal
y vaginal-, la cual debe realizarse en conjunto con el urólogo y a través de cirugía convencional (abierta),
o bien mediante abordaje laparoscópico y asistido por robot, cirugías que han demostrado ser altamente efectivas (95%).