¿Cómo tener una segunda opinión?

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enfermedades-cardioEs normal que al recibir una noticia desagradable o inesperada, tengamos la sensación de que es necesario confirmar por otros medios, quizá en espera de noticias más agradables. También buscamos compartirla con nuestros allegados para que sepan la situación a la que nos enfrentamos y para conocer las experiencias de quienes ya vivieron algo similar. Es entonces cuando buscamos lo que se entiendes como una segunda opinión. Informarse por cuenta propia La búsqueda por internet Hoy en día es más fácil para los pacientes tener una segunda opinión o informarse por medios propios acerca de su padecimiento y su tratamiento, y el amplio acceso a internet se ha convertido en la primera herramienta para esto. Es de suma importancia que el paciente esté muy bien informado acerca de lo relacionado con su enfermedad y su probable tratamiento. Sin embargo, también debe saber que hasta la fecha no hay ningún tipo de regulación para crear páginas web ni para validar su contenido, por lo que se corre el riesgo de consultar páginas que no contengan la información apropiada y que más que orientar, confundan y preocupen al paciente.En el caso de la búsqueda relacionada con el tema de salud, lo más recomendable es buscar en páginas web de universidades, de hospitales reconocidos, de bibliotecas nacionales o de algunas otras instituciones que se distingan por la investigación científica y las actividades académicas que realizan. Al tener el respaldo de esas organizaciones, las páginas seguramente cuentan con el apoyo de profesionales de trayectoria y encontraremos también allí datos sobre sus reconocimientos y capacidades. En estas páginas hallaremos información que se apega a la realidad científica y que nos brindará orientación útil y confiable para tomar decisiones. La opinión de nuestros familiares y amigos Hay ocasiones en que nuestros allegados se preocupan por nuestra situación tanto o más que nosotros mismos. Para ellos y para nosotros es importante conocer y discutir sobre nuestro estado de salud y las opciones con las que contamos. Más que pedirles una segunda opinión, es necesario compartir y escuchar experiencias semejantes a las nuestras. No es agradable recibir la noticia de que es portador de cáncer, pero brinda cierta tranquilidad cuando uno lo comunica y se da cuenta que a nuestro alrededor hay mucha gente cercana que ya lo ha padecido y que lo ha superado. Es como cuando uno se decide a comparar un carro y el día que lo tiene, y se da cuenta que el mismo carro está en casi cualquier lugar. Al compartir nuestra experiencia, nos damos cuenta de que de que no somos los únicos en esta situación y nos enteramos de todos los amigos que ya han pasado por esto. Compartir emociones nos nutre emocionalmente, los concejos resultan invaluables y nos ayudan a enfrentar la situación de una mejor manera. La mayoría de las veces, este tipo de opinión carece de fundamentos científicos y se basa sólo en la experiencias acumuladas en el círculo de personas cercanas. Cada caso es distinto y la evolución y el desenlace depende de muchos factores como la edad de los pacientes, el tipo y la localización del cáncer, así como de las características del tratamiento y la experiencia del médico tratante. Medico amigo de la familia Esta situación no es rara. La mayoría de las familias tienen algún médico de cabecera que frecuentemente orienta sobre algunos padecimientos, aunque estos no sean los de su especialidad. Este tipo de opiniones pueden ser de las más adecuadas porque al mismo tiempo que el médico tiene interés, el afecto y la confianza para ayudar, también tiene conocimientos científicos e información sobre el desempeño de los mejores especialistas así que es capaz de brindar buenas opiniones y excelentes recomendaciones. Consultar a otro médico Hoy en día todos los pacientes exigimos información más detallada sobre nuestras enfermedades y sabemos que tenemos el derecho de recibir una opinión adicional de parte de otro profesional. El hecho de buscar a otro médico para presentarle nuestro caso no significa que estemos descalificando al médico que nos dio la primera noticia. Al contrario, estamos inquiriendo lo que más le conviene a nuestro estado de salud y lo que se traduce en mayor bienestar. Para empezar, debemos buscar un médico especialista que se dedique case exclusivamente a la enfermedad que nos aqueja, que tenga una trayectoria médica exitosa comprobable y que pertenezca a las sociedades médicas y colegios científicos que rigen la práctica profesional de su especialidad. Para lo anterior, podemos tomar en cuenta las experiencias y las opiniones de nuestros allegados. Por supuesto, también podemos consultar información en directorios médicos especializados o e internet, con el fin de conocer el currículum y la experiencia del médico al que hemos decidido acudir. Una vez que solicitamos una consulta, es preciso elaborar una lista de las preguntas que haremos, en orden de importancia, procurando que estas incluyan las interrogantes que tengamos sobre la variedad de tratamientos disponibles para nuestra enfermedad, con sus riesgos y beneficios. Siempre es bueno preguntar qué puede pasar si decidimos no recibir uno u otro tratamiento. A la consulta debemos llevar los récipes con los nombres de los medicamentos que hemos recibido y los tratamientos que se nos han indicado; igualmente, todos los exámenes que se nos han realizado, para que el especialista pueda emitir una opinión veraz y completa. Puede solicitarle material impreso o audiovisual que le ayude a entender mejor su caso e incluso puede decirle participar en un grupo de apoyo con otros pacientes. Todo esto tiene la intención final de entender lo que es necesario para decidir sobre nuestra salud. Probablemente esta segunda opinión sea la más importante y la más benéfica para nosotros. ¿Quién tiene la razón? ¿A quién debemos creerle? Definitivamente, será más confiable la opinión que esté respaldada por el conocimiento científico vigente, al mismo tiempo que despeje todas nuestras dudas y que cumpla con nuestras expectativas personales y familiares. Que faciliten la mejora del padecimiento, que tome en cuenta nuestro estado de salud actual y que muestre preocupación por que este se conserve con una calidad de vida digna, sin sacrificar las actividades fisiológicas, laborales y sociales. Si se escoge una buena segunda opinión, difícilmente habrá la necesidad de una tercera.